© Antonio Castro 2004
CEIP Gran Capitá
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Reflexiones, despedidas y homenajes
INTRODUCCIÓN EN FORMA DE REFLEXIÓN O REFLEXIÓN A MODO DE INTRODUCCIÓN;
QUE NO ES LO MISMO, PERO ES IGUAL. Antonio Castro (abril de 2003)

Son ya 24 los años puestos al servicio de la educación pública, y muchas las alegrías y las tristezas, las ilusiones y también las desilusiones sufridas durante esta media vida. Como todos, he sentido muchas veces palmaditas en la espalda, mientras con el pie te estaban poniendo la zancadilla, pero he de quedarme con los buenos amigos, la camaradería y el trabajo en equipo, siempre pensando en los niños y no en el beneficio propio y la paga de todos los meses.

Somos muchos y muy buenos los profesionales -me incluyo entre ellos sinceramente y sin falsa modestia- que desarrollamos una labor abnegada y silenciosa en beneficio de la educación de los niños y niñas andaluces. Labor no reconocida en la mayoría de los casos e, incluso, incomprendida muchas veces. Labor imprescindible e incuestionable para el desarrollo andaluz que, en la actualidad, está siendo despreciada por un amplio sector social y cuestionada por otro, en beneficio creciente de la educación privada, que siempre fue de los ricos y a la que aspiran ahora muchas familias del ámbito rural y, por supuesto, del urbano. Y no es nuestra la misión de que la educación pública tenga el prestigio y los medios que se merece; nosotros ya realizamos un tremendo esfuerzo por no caer en la desidia y el peseterismo -¿o habrá que decir eurerismo?-, por seguir manteniéndonos firmes en la idea de que la educación, la buena educación pública y para todos, es la base sobre la que se apoya una sociedad, desarrollada, justa y libre, en la que la pluralidad, la multiculturalidad y el respeto sean la base de la tolerancia, sin la cual iremos en franca regresión hacia épocas cavernícolas.

Pero la escuela no es más que una parte de la sociedad capitalista en la que estamos inmersos, no sin nuestro propio consentimiento; una sociedad en la que el pelotazo y el enriquecimiento fácil; la apropiación de lo que no hemos ganado con nuestro trabajo, nuestra inteligencia, nuestro esfuerzo, sino con el abuso del más débil, torpe o inocente; levanta aplausos, admiración y hasta importantes reconocimientos públicos en muchas ocasiones; valores todos ellos insertos actualmente en el acervo popular que hacen que nuestra labor en la escuela sea cada día más difícil, pues es casi imposible que los niños entiendan que lo que vale fuera de la escuela no sea válido dentro de ella. Como consecuencia, y por desgracia, cada vez es más alto el porcentaje de alumnos que van a la escuela sólo porque es obligatorio o porque sus padres los envían para quitárselos de en medio; y en esas condiciones es francamente difícil conseguir de ellos el estímulo suficiente para que aprovechen las 25 horas semanales que están en el colegio, trabajando en su propia educación, en su engrandecimiento como personas con capacidad para la crítica, en su autoperfeccionamiento, en la utilidad personal y para el resto de la sociedad que supone el esfuerzo individual en su propia educación; y de esta forma, los maestros vemos con impotencia creciente cómo el derecho incuestionable a la educación se convierte para unos cuantos -entre el 15 y el 20 % del alumnado- en una obligación que hace que el resto de alumnos no pueda ejercer en su plenitud su propio derecho a la educación.

Y es que a los que nos tocó vivir la escuela como niños en la época franquista y como maestros en la actual nos ha caído sufrir la injusticia y el sufrimiento absurdo en ambos momentos. De alumnos veíamos mancilladas nuestras mejillas, la palma de nuestras manos o nuestras rodillas, simplemente por no haber sido capaces de aprendernos de memoria la lista de los reyes godos o pedirle al compañero la goma sin permiso previo. Ahora, de maestros, sufrimos las burlas y las vejaciones, algunas veces, de alumnos y padres -pocos aún, gracias a dios o al diablo; pero si esto sigue así pronto tendremos que ir a la escuela con una coraza-. De alumnos teníamos que escondernos en los servicios para fumar -en aquellos tiempos era muy importante para hacernos mayores y llegar a hombres-. Ahora, los pocos ejemplares que quedamos de "magister fumadorus" -especie en peligro de extinción- debemos recluirnos en una pequeña salita habilitada al efecto, sintiéndonos, casi, prófugos de las buenas costumbres y semidelincuentes.

Si a todo esto le añadimos que en nuestra profesión el único mérito que oficialmente se tiene en cuenta para cobrar más o ascender -léase optar a la educación en secundaria- es la antigüedad en el cuerpo, pues de nada sirven trabajos, proyectos, estudios, horas extras, etc; podrá entenderse que muchos de nosotros vayamos perdiendo la ilusión poco a poco; y nuestro trabajo sin ilusión se convierte en rutina y, como consecuencia, en mediocridad.

Menos mal que siempre nos queda el saludo cariñoso de algunos niños cuando los vemos por la calle o la cervecita tomada de igual a igual con antiguos alumnos que te recuerdan con afecto. ¡Gracias a todos ellos!

¡SEGUIREMOS LUCHANDO!

En los enlaces siguientes encontraremos el homenaje de despedida que desde esta Web queremos brindarle a nuestros compañeros y compañeras que cada año nos van dejando, bien por jubilarse o por marcharse a otros destinos. 
Jubilación de Antonio Castro  
Despedida de junio 2008. Jubilación de Antoñita Navarrete.
Jubilación de Mª Carmen Gómez y despedia de junio 2007.
Jubilaciones de A. Solana y Cristóbal Pérez. Despedida de Lisardo, Rafael, Carlos y Mª José
Despedida múltiple de junio de 2005.
Despedida de Marilena y Pilar, que se nos fueron a otro cole.
Despedida-homenaje a Luis, nuestro conserje, que se ha jubilado.
Jubilación de Manolo Ganivet