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Modelos de descripciones de personas.

Idea original de Antonio Castro

Escritores profesionales

1.- Retrato de su padre (Camilo José Cela)

Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, cuarentón cuando yo niño, y alto y gordo como un monte. Tenía la color tostada y un estupendo bigote negro que se echaba para abajo. Según cuentan, le tiraban las guías para arriba, pero, desde que estuvo en la cárcel, se le arruinó la prestancia, se le ablandó la fuerza del bigote y ya para abajo hubo que llevarlo hasta el sepulcro. Yo le tenía un gran respeto y no poco miedo, y siempre que podía escurría el bulto y procuraba no tropezármelo; era áspero y brusco y no toleraba que se le contradijese en nada, manía que yo respetaba por la cuenta que me tenía.

2.- Retrato de un cliente (Camilo José Cela)

Pepe se acerca al cliente y éste se levanta con lentitud. Es un hombrecillo desmedrado, paliducho, enclenque, con lentes de pobre alambre sobre la mirada. Lleva la americana raída y el pantalón desflecado. Se cubre con un flexible gris oscuro*, con la cinta llena de grasa, y lleva un libro forrado de papel de periódico debajo del brazo.(...)
El hombre no es un cualquiera, no es uno de tantos, no es un hombre vulgar, un hombre del montón, un ser corriente y moliente; tiene un tatuaje en el brazo izquierdo y una cicatriz en la ingle. Ha hecho sus estudios y traduce algo de francés.

*Sombrero de fieltro

3.- Retrato de un maestro (Aprendo a redactar. Jesús Pérez González y Mª Luisa Cañada Gómez)

De repente, la puerta se abrió y apareció un hombre diminuto. Para todos fue una sorpresa. Tendría unos setenta años y en su cara de color oscuro, llena de arrugas, destacaban unos ojos negros y brillantes. Tenía los pies pequeños y andaba despacio. Se colocó enfrente de nosotros y dijo: “Ya estoy aquí, ¿me esperabais tan pronto?” Su voz era suave pero transmitía cierta energía.
En silencio, nos miramos de reojo. No era como habíamos imaginado, pero a todos nos gustó. Más tarde comprendimos por qué: era una persona afable y comprensiva. Escuchaba a todos con paciencia y tenía siempre una respuesta inteligente a nuestras preguntas. Trabajaba mucho y nos hacía trabajar, pero era tan ameno que en su clase las horas volaban. Así era nuestro profesor.

4.- EL TÍO LUCAS (Pedro Antonio de Alarcón. El sombrero de tres picos)

El tío Lucas era más feo que Picio. Lo había sido toda su vida, y ya tenía cerca de cuarenta años. Sin embargo, pocos hombres tan simpáticos y agradables habrá echado Dios al mundo. Lucas era en aquel entonces de pequeña estatura, un poco cargado de espaldas, muy moreno, barbilampiño, narigón, orejudo y picado de viruelas. En cambio, su boca era regular y su dentadura inmejorable. Dijérase que sólo la corteza de aquel hombre era tosca y fea; que tan pronto como empezaba a penetrarse dentro de él aparecían sus perfecciones, y estas perfecciones principiaban por los dientes. Luego venía la voz, vibrante, elástica, atractiva.
Llegaba después lo que aquella voz decía: todo oportuno, discreto, ingenioso, persuasivo.

5.- ROSITA (Juan Valera. Las ilusiones del Doctor Faustino)

Era Rosita perfectamente proporcionada de cuerpo: ni alta ni baja, ni delgada ni gruesa. Su tez, bastante morena, era suave y finísima, y mostraba en las tersas mejillas vivo color de carmín. Sus labios, un poquito abultados, parecían hechos del más rojo coral, y cuando la risa los apartaba, lo cual ocurría a menudo, dejaba ver, en una boca algo grande, unas encías sanas y limpias y dos filas de dientes y muelas blancos, relucientes e iguales. Sombreaba un tanto el labio superior de Rosita un bozo sutil, y, como su cabello, negrísimo. Dos oscuros lunares, uno en la mejilla izquierda y otro en la barba, hacían el efecto de dos hermosas matas de bambú en un prado de flores.
Tenía Rosita la frente recta y pequeña, como la de la Venus de Milo, y la nariz de gran belleza plástica, aunque más bien fuerte que afilada. Las cejas, dibujadas lindamente, no eran ni muy claras ni muy espesas, y las pestañas larguísimas se doblaban hacia fuera formando arcos graciosos.

6.- DON PACO (Juan Valera. Juanita la Larga)

Aunque había cumplido ya cincuenta y tres años, estaba tan bien conservado, que parecía mucho más joven. Era alto, enjuto de carnes, ágil y recio; con poquísimas canas aún; atusados y negros los bigotes y la barba; muy atildado y pulcro en toda su persona y traje; y con ojos zarcos, expresivos y grandes. No le faltaba ni muela ni diente, que los tenía sanos, firmes y muy blancos e iguales.

Pasaba D. Paco por hombre de amenísima y regocijada conversación, salpicada de chistes, con que hacía reír sin ofender mucho ni lastimar al prójimo, y por hábil narrador de historias, porque conocía perfectamente la vida y milagros, los lances de amor y fortuna, y la riqueza y la pobreza de cuantos seres humanos respiraban y vivían en Villalegre y en veinte leguas a la redonda.

7.- TÍO MOCEJÓN (José María Pereda. Sotileza)

Tío Mocejón, el de la calle Alta, era un marinero chaparrudo, rayano en los sesenta, de color de hígado con grietas, ojos pequeños y verdosos, de bastante barba, casi blanca, muy mal nacida y peor afeitada siempre, y tan recia y arisca como el pelo de su cabeza, en el cual no entraba jamás el peine, y rara, muy rara vez, la tijera. Tenía los andares como todos los de su oficio, torpes y desplomados; lo mismo que la voz, las palabras y la conversación. El mirar, en tierra, oscuro y desdeñoso. En tierra, digo, porque en la mar, como andaba en ella, o por encima o alrededor de ella veía cuanto en el mundo podía llamarle la atención, ya era otra cosa. El vil interés y el apego instintivo al mísero pellejo, le despertaban en el espíritu los cuidados; y no hay como la luz de los cuidados para que echen chispas los ojos más mortecinos. En cuanto a genio, mucho peor que la piel, que la barba, que las greñas, los andares y la mirada: no por lo fiero precisamente, sino por lo gruñón, y lo seco, y lo áspero, y lo desapacible. Unos calzones pardos, que al petrificarse con la mugre, el agua de la mar y la brea de la lancha habían ido tomando la forma de las entumecidas piernas; unos calzones así, atados a la cintura con una correa; unos zapatos bajos, sin tacones ni señal de lustre, en los abotargados pies; un elástico de cobertor, o manta palentina, sobre la camisa de estopa, y un gorro catalán puesto de cualquier modo encima de las greñas, como trapo sucio tendido en un bardal, componían el sempiterno envoltorio de aquel cuerpo, pasto resignado de la roña, y muy capaz hasta de pactar alianzas con la lepra, pero no de dejarse tocar del agua dulce.

Otros ejemplos

8.- JORGE

Jorge era un muchacho algo tímido que encontraba en el baile la mejor terapia para sus complejos, contradicciones y depresiones de adolescente. Él no necesitaba alcohol ni ningún otro tipo de drogas más o menos fuertes para sentirse a gusto consigo mismo y con los demás. Le bastaba un poco de música y un poco de espacio. Además, cuando bailaba se liberaba de su natural timidez y se sentía con ánimos para hablar y comunicar sus más profundos sentimientos. Aunque su mejor forma de expresión era, evidentemente, el movimiento.

Físicamente no puede decirse que Jorge tuviera ningún rasgo que destacara por su singular belleza, salvo quizá sus labios gruesos y sensuales. Sin embargo el conjunto de sus facciones resultaba muy atractivo por la armonía y suavidad de sus líneas. Era de estatura mediana y algo delgado. Pero, a la vez, poseía un cuerpo fuerte y ágil, debido a la natación, deporte que le encantaba, y a las largas sesiones de baile. Los elementos de su rostro, mirados aisladamente, resultaban bastante normales e incluso vulgares, pero vistos como un todo unido e indivisible llamaban la atención por su belleza. Resultaba un conjunto algo serio, pero, al mismo tiempo, afable, de forma que invitaba a la confianza. Sus ojos oscuros poseían una mirada profunda y tan expresiva que, en alguna ocasión, le habían dicho que mirar en ellos era como mirar directamente en lo más profundo de su corazón. Su forma de vestir y su aspecto era algo que no le preocupaba lo más mínimo, siendo esta característica de su personalidad la que abundaba más en su ya cierto aire romántico.

9.- LUCÍA

Lucía estaba sola… Y no es que Lucía fuera una mujer fea o de carácter insoportable, aunque tampoco pueda decirse que era una venus objetivamente maravillosa. Lucía era algo bajita, pero bien proporcionada, pelirroja y pecosilla, con grandes ojos marrones de expresiva mirada, nariz pequeña y labios de sonrisa fácil y sincera. Simpática y de agradable charla, tenía un pronto de mil demonios cuando algo le molestaba, para olvidarse al rato del mal momento y seguir como si nada hubiera pasado. Amiga de sus amigos, era una mujer a la que se entregaba mucha gente, que también lo recibía todo de ella.

10.- MARCO (Mª Trini Tejero - 11 años)

Mi primo Marco es alto y delgado, moreno y guapo. Su cara es ovalada y sonriente. Los ojos son oscuros como la noche. Tiene la nariz chata y recta. Su pelo es negro y liso, y le cae a los lados de la frente sobre las orejas. Tiene la boca pequeña con los labios como una cereza. Sus piernas son largas y rectas como un palo.

Se viste de manera informal, pero elegante. De su cuello siempre cuelga algún adorno.

Marco es simpático y generoso. No es muy tranquilo y, cuando da una opinión, suele atinar siempre.

11.- LUIS (Maite Camacho - 11 años)

Luis es un chico alto y delgado. Su pelo es rubio ceniza y liso. Sus ojos son grandes y almendrados y su nariz no muy grande. Sus labios son rojos como las cerezas, acompañados por dos mejillas que siempre están rosas.

Luis es un chico normal, agradable y sencillo, al que le encantan los animales. De mayor piensa ser veterinario.

12.- MI HERMANA MARÍA TÍSCAR (Miguel Ángel Amador - 10 años)

Mi hermana María Tíscar es la menor de mi casa, tiene cinco años. Es bonita, alegre, fuerte y un poco delgada. Su pelo es lo más bonito de su cuerpo: rizado como los caracoles relucientes en primavera. Y sus ojos, sus ojos marrones y oscuros destellan un brillo de alegría sorprendente. Tiene una nariz chatita como un cachorro, una boca alegre y simpática, oscura y pequeña, y sus dientes son como perlas, aunque le falten dos.

Su color preferido es el rosa, pues tiene una bata rosa, un pijama, unos calcetines... A mi hermana le gusta morderse las uñas, no sé porqué, pero le gusta. Le gusta también jugar con las muñecas a las mamás, a las maestras y también con mi linda prima Mari Pili.

Me gusta mucho cómo es mi hermana.

Nota: Los textos en los que no aparece su autor son originales de Antonio Castro